Los chalets de playa tienen algo de la libertad y algo de la relajación fruto del carácter estival y desocupado de las vacaciones de verano. Hablamos de uno de aquellos chalets adosados, de una de aquellas urbanizaciones de la provincia onubense. Aunque no diremos el nombre de dicho lugar, no ocultaremos su contorno ni su figura; desnudaremos al misterioso, pero taparemos su cara.
Estos adosados, por ser breve,tienen dos puertas de entrada: la una da al empedrado que conduce hasta la calle; la otra da a un pequeño jardín. Los jardines individuales están delimitados por un seto. Éste muere por ambas partes en el centro del jardincillo, pues tiene una obertura que da a otro, mucho mayor, que puede ser utilizado por cualquier miembro de la comunidad de vecinos. ¿Cómo son ambos jardines? Básicamente césped y algún que otro pino en el jardín grande; los reflejos del sol hacen las veces de flores.
Esta urbanización concreta se encuentra encima de una elevación, dominando el paisaje. En las horas en que salta el viento hace incluso frío. A cualquier hora puede disfrutarse de la visión inmensa del mar.
Al atardecer, muchos de los vecinos de dicha urbanización sacan aperitivos y salen al jardincito a contemplar el magnífico espectáculo de ver cómo los caballos de Apolo, precisando descansar, descienden por el horizonte, buscando, como gaviotas, tomar el agua del mar al vuelo.
Aquella hora magnífica fue testigo del comienzo de lo que aquí se cuenta.
Saltar la valla de esta urbanización es harto sencillo, y si entras ya todos pensarán que vives allí; aún más si pasas por delante de los jardincillos saludando.
Había un adolescente que, perdido como estaba, saltóse aquella valla sin saber qué buscaba, y caminó por delante de las casas mirando hacia el interior de ellas. Los setos apenas le llegaban por la cintura, por lo que la visión que se le ofrecía de las casas y los jardincillos era completa. Cuando encontraba unos ojos que le observaban, inclinaba la cabeza y saludaba. En una de aquellas casas no encontró cabeza, ni ojos, ni saludo, tan sólo la puerta corredera de cristal abierta.
Entró rápidamente en el jardincito y pasó dentro de la casa. Trasteó por ella hasta que oyó un ruido en el piso de arriba; entonces salió disparado y se perdió por el atardecer.
Allí veraneaba una señora mayor, de uno sesenta años, que buscaba la tranquilidad de estar separada de la playa, y las bondades que se desprenden de tenerla a la vista y recibir sus dones. Era norteamericana, pero llevaba toda una vida viviendo en Granada.
Al bajar encontró que le faltaban tres cosas: un Nuevo Testamento, un libro de lectura y la ensaimada que había colocado en un plato. El asunto quedó ahí.
Se conoce que el pilluelo tenía hambre, y trató de satisfacerla por completo. Alimentó su alma con el libro sagrado, su intelecto con la obra de lectura y su cuerpo con el alimento. El pilluelo paseaba, y no sabía qué buscaba, porque estaba vacío de todo. Pretendía saciarse de todo sin saber qué pretendía. La mente humana está muy limitada; quién lo busca todo, no sabe lo que busca. Buscarlo todo es caminar sin saber a qué mirar, si al cielo o al suelo.
Dos semanas después, la señora estaba en la cocina preparándose un té, y al pisar la sala principal de la casa se encontró que alguien estaba de espaldas haciendo algo sobre su mesa.
― ¿Quería usted algo, joven?― dijo con un marcado acento.
Al instante, cuando el joven se giró, se encontró de frente con una dulce mujer que soplaba su taza de té como si nada.
Comenzó a balbucear.
― ¡Oh!, ya veo que ha encontrado usted mis libros. Muchas gracias. ¿Puedo ofrecerle algo?
―En realidad…― trató de decir el joven avergonzado―, vengo a devolvérselos, porque los había tomado sin permiso.
―Oh, pues es una cosa muy fea eso que has hecho. La próxima vez me lo pide usted, y yo se los presto. Se los puede quedar de todas maneras.
―Muchas gracias, señora, es usted muy amable, pero no los puedo aceptar, porque son suyos.
―Bien, pues venga aquí a leerlos, y cuando los termine, se los regalo como premio.
El joven sonrió. Desde entonces volvió cada día, al atardecer. ¿A qué iba? A leer, a disfrutar del cariño que le brindaba aquella buena señora. Sentíase cómo que cada día abandonaba aquella casa con un puñado de oro.
¿Qué había ocurrido? El chico se había llevado de aquella casa el Nuevo Testamento, y comenzó a leerlo; se había llevado la obra Los miserables de Victor Hugo, y leyó el comienzo de la obra; se había llevado un alimento, que engulló en dos bocados. ¿Qué significa esto? Conoció por un lado la Providencia, y le ensanchó el alma, le mostró lo infinito. Por otro lado Victor Hugo le enriqueció el intelecto. Iluminado por dos luces: la de Dios y la del hombre,ya supo por dónde caminaba. La lectura le llevó a la reflexión, la reflexión le llevó a devolver lo hurtado. Cuando el alma y la mente se ensanchan, no hay lugar en ellos para los actos pequeños y míseros, han de ser desliados; un gigante no puede realizar movimientos pequeños ni ligeros. La lectura puede serla luz, la reflexión es el acto de utilizar dicha luz para ver. El último alimento se lo entregó la señora, que le dio amor y dedicación. Esto acabó por mover al chico hacia un cambio profundo. Si un hombre está siendo muerto por la más horrible de las patologías del alma, dadle cariño o no le deis nada. ¿Qué hacemos del alcohólico? Dadle amor, quitadle la botella; nada más se puede dar, nada más se puede quitar. ¿Cómo salvamos a un pilluelo? Haced lo propio, pero, además, enseñadle para que ya no sea ciego. El gran problema del joven que anda dando tumbos y palazos es que no ve. Lo decimos de nuevo, dadle la luz del amor, la de lo espiritual y la de lo intelectual; queredlo y enseñadlo; no hay más. “El niño tiene los ojos cerrados, y nos los quiere abrir”. Normal, cuando los abrió sólo vio tinieblas. Dadle lumbre, y los abrirá, enseñadle lo ideal, ycaminará hacia allí. El mundo tropieza a menudo. Dadle una vela y que la encienda, ya no caerá tanto. La civilización se pierde; no necesita un bastón, necesita claridad: educación. El pueblo tiene hambre, dadle comida, pero dadle también a Dios y a Diderot, o siempre tendrán hambre. No le deis cualquier comida. La mala comida intoxica el cuerpo, la mala educación hace lo mismo con el alma y con la inteligencia. La mala luz deforma las figuras.
Hemos presenciado al pilluelo muerto por un par de libros, una ensaimada y un corazón que se entrega.
Dadle a Arquímedes un punto de apoyo y una palanca suficientemente grande y moverá el mundo. Dadle al hombre las luces entregadas a este chico y moverá su vida. ¿Qué se le entregó alchico? Hemos dicho que luz, educación, conocimiento y cariño: libertad, la expresión más sublime de lo infinito fundido con lo humano. Dos libros que son dos palabras: la divina y la humana.
Felipe Santa-CruzMartínez-Alcalá.
Sevilla, doce de mayode 2009.
Escrito por limpiopensadores el 19/07/2009 18:44 | Comentarios (2)
Una carpa encierra a la vez que protege. La carpa de la que hablamos encierra magia, ilusiones, fantasía, un mundo donde lo artificioso se logra a base de sudor, genialidad y trabajo. La carpa de la que venimos hablando pertenece al Circo del Sol.
Este lugar está poblado por seres generosos. Su trabajo es emocionar y entretener. Su llanto durante los ensayos son sonrisas del público durante la actuación; sus ropas disfrazan a la par que cubren las marcas de la entrega; vuelan y se arrastran por el escenario, aveces más espíritu que cuerpo, más ilusión que realidad.
Pero la carpa es todo un país, y existen otros seres bajo ella: los espectadores. Ellos son tan generosos como los primeros, pues llegan vacíos pretendiendo llenarse. Y, ¿Acaso no es generosidad el permitir recibir?, ¿no es esto lo mismo que confiar? El que da un consejo no es más generoso que el que lo recibe con agrado, quien regala una sonrisa no es más desprendido que quien la guarda en su alma, el que lee entrega tanto como el que escribe.
El fuego calienta al hombre, cierto; pero el hombre alimenta el fuego. El ser humano da y recibe, pues precisa de ambas acciones. A veces, recibiendo, en verdad se da. ¿Cómo delimitar estas fisonomías? ¿Dónde está aquella línea divisoria? Ambas son fundamentales, ambas son el día; no conocemos crepúsculo.
El artista se yergue sobre el escenario y dice: “dejen sus preocupaciones, pasen a un mundo de sensaciones y sentimientos: les acercaremos lo divino”; el espectador se acurruca y se deja engrandecer.
Sublime misterio que cuelga al trapacista de cables y entrega alas al espectador. ¿Brilla el sol fuera?; dentro brillan las almas.
Una familia ocupa varios sitios. ¿Cuáles? Cuales quiera. ¿Cuántos eran en dicha familia? Dígalo usted, o inventemos junto la cifra; no nos importa realmente.
Nos importa que había un padre. Es fundamental decir que un hijo suyo se sentaba, por ejemplo, a su izquierda.¿Qué edad tenía el padre? Pues era mayor que el hijo, obviamente. ¿Qué edad tenía, pues, el hijo? Ahora responderíamos: ¿acaso lo podemos determinar? En aquel momento tenía la inocencia de un crío que se lo cree todo, los movimientos emocionales de un poeta y la mirada de un sabio que contempla la naturaleza.
Las luces del escenario se apagan y éste queda a oscuras. La música llena cada espacio, cada vacío, ahora es la auténtica protagonista. El hijo cierra los ojos e inspira profundamente, se concentra y estremece. Diríase que aspira el alma del espectáculo y trata de oír sus latidos.
Su padre lo mira y lo juzga cansado.
– ¿Duermes hijo?– pregunta entonces éste.
– No– contesta el hijo–. Sin embargo, sueño.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla, 29 de marzo de 2009.
Escrito por limpiopensadores el 29/03/2009 23:49 | Comentarios (0)
A la luz de estos versos de Machado, me pregunto: ¿quiénes eran mis abuelos? Enormes caminantes; ¿qué somos nosotros? Sus huellas, porque llevamos la impresión de sus pasos, y caminantes, pues también caminamos. Caminamos con su rastro, con su estela. Ellos también fueron una vez huellas y caminantes. Mas, ahora que tanto y tan bien han andado, podemos mirar en exclusiva el fin, puesto que en éste encontramos los principios. En estos momentos siguen caminando juntos, lo que ocurre es que en el cielo ya no se dejan huellas, o si se dejan, aún no las podemos ver.
Por otro lado, cuando el monte es transitado con paso firme y capaz, podemos hablar de algo más que de huellas: hablaremos de una vereda. Esta vereda contiene las huellas, y habrá que mirarlas con vista de pájaro para apreciar sus trazas. Lo primero de lo que se percata aquél que contemple el camino de mis abuelos es que este es recto; inmediatamente después verá que los pares de huellas no se han separado: estos son las pisadas de marido y mujer. Si se hace un último esfuerzo, se percibirá que son muchas las huellas que se acercan a las de mis abuelos, comprobará además que no se alejan luego. Una vez alguien se acercaba a ellos, ya nunca les abandonaba.
¿Por qué sucedía tal cosa?
En el campo de Olivares, donde tanto hemos compartido, subiendo las escaleras que conducían a la primera planta y la torreta, hay una serie de platos decorativos con algunas sentencias escritas en ellos. Uno, en concreto, reza: “Llégate a los buenos, y serás uno de ellos”. Sentirse bueno es sentirse feliz, mantener ese sentimiento es ser efectivamente feliz. El hombre sabio busca la felicidad y no la desprecia al encontrarla; el hombre sabio conocía la felicidad con mis abuelos, y no estaba dispuesto a renunciar a ella.
En este matrimonio había una colosal figura pública, un médico emblemático. Por ende, suele decirse que la mujer que le acompañó durante su caminar, vivía a su sombra. La sombra de la vida pública es la vida privada. Y, Llamaríamos sombra a esta vida privada si no fuera porque mi abuela la iluminaba tierna y firmemente. Nadie llama sombra al cariño, al amor, a la generosidad, al buen hacer y al cuidado que profesaba a sus hijos, nietos, y especialmente a su marido.
El comedor de su casa no conocía los pestillos. Cada día nos reuníamos allí muchos de los que nos encontramos aquí sentados, y algunos de los que ya no se sientan entre nosotros. Me gustaría poder decir el número de personas que solíamos comer en su casa, pero también le hubiera gustado saberlo a ella, pues solíamos presentarnos sin avisar.
Este cuadro está pintado en bellos colores en la memoria de mi familia. Es cierto que siempre había un sitio en aquella mesa. Así como lo es también que a menudo había risas, y nunca un mal gesto.
Al comenzar la comida, se oía una broma de boca de mi abuela: “el que manche el mantel, se lo lleva a casa y lo lava”. Al poco tiempo se escuchaban unos pasos que subían ligeros por las escaleras; era mi abuelo. Al final de su vida siempre nos decía: “yo antes corría”, y aquellos pasos apresurados lo demuestran. A mi abuela se le iluminaban los ojos con una luz bellísima al verlo aparecer: era amor. Estoy muy agradecido de haber sido testigo de aquellas luces; no hay nada mejor para aprender a amar, que respirar amor, contemplar amor, y, por supuesto, recibirlo. Luego, tras el beso, mi abuela le negaba el chocolate hasta que hubiera terminado de comer, y mi abuelo obedecía sin rechistar.
Algo más tarde subía Tío Felipe. Recuerdo que se sentaba entre mi abuela y mi madre, que comía a la derecha de mi abuelo y de cara a mis tías. Mi abuela guardaba las mejores presas para mi tío, el lenguado más grande y, por qué no decirlo, un cariño muy especial para su único hijo.
Aunque esto pertenece a los recuerdos de la familia, querría dar unas pinceladas torpes para presentar la figura amable que era mi abuela a aquellos que no la trataron.
Siempre tenía Groenlandia en la boca. Si estabas estudiando fuera de Sevilla, solía preguntarte por tu ausencia de esta manera: “Ya nunca vienes a vernos, ¿qué estás en Groenlandia?”
Para las bodas de plata escribió una nota a mi abuelo. En esta puede leerse: “Felipe, te quiero como nadie te puede querer. Te quiero, te quiero y te quiero”. Sólo decir que ella era elocuente, y que los poetas suelen quedar mudos al contemplar el amanecer. A ella le enmudecía el amor. Pero nada se perdía, pues su mirada sabía hablar las lenguas más bellas.
No ha habido mujer más fiel. Sólo una vez hubo infidelidad. Un día caminando por Morón de la Frontera, ya siendo novios, mi abuela se cruzó con un joven que se le debió antojar muy guapo; entonces lo miró impresionada. Al acercarse resultó ser mi abuelo, y ella le contó lo ocurrido sin poder contener la risa. Siempre reían al compartir este recuerdo. “Entonces, qué, ¿me has engañado conmigo mismo?”, bromeaba mi abuelo.
Ya hemos comentado dónde se encuentran ambos. Caminan por el cielo en presencia de Dios. En realidad no tienen demasiado tiempo libre, pues miran por nosotros a todas horas. Nos construyen un camino en el cielo, igual que lo hicieron sobre tierra. Sus pasos les condujeron donde están, ahora quieren conducirnos a nosotros.
Hoy nos aferramos a su memoria de una manera dulce. Su recuerdo nos pesa y nos entristece. Ahora no vemos sus figuras más que en sueños, ni escuchamos sus voces más que nuestras almas. Recordar lo alegre, nos hace llorar; recordar lo grande nos hace sentir el gran vacío que han dejado. Sin embargo, ellos también sufrieron muertes y momentos difíciles. Ser un titán no te exime de recibir golpes, y desde luego ambos los recibieron, y ambos fueron rocas que no ceden a la tempestad. Y, si aquellos fueron los pasos de estos caminantes, ahora nos toca a nosotros hacer camino al andar.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla, 6 de febrero de 2009
Escrito por limpiopensadores el 21/02/2009 17:28 | Comentarios (1)
La noche es del paseante. Es por la noche que pasea el poeta.La noche no es ni del coche, que duerme callado, cansado de tanto alborotar, ni del atareado, al que llama el sueño con tal ímpetu, que por querer volar, camina ligero. No decimos que no haya otros actores en esta obra, apuntamos que los primeros son los protagonistas, y el resto hacen de público o figurantes secundarios. Son los poetas quienes juegan con el decorado de la obra, miran al público, o improvisan soliloquios con la voz más baja, la del pensamiento.
Al poeta se le antoja corto el paseo, sabe que se acaba y lo prolonga tomando el camino más largo. Este ser detesta dormir, pues detesta despertar.
Fran bajaba por la Constitución hacia Plaza Nueva cabizbajo; Fran era uno de aquellos poetas y paseaba, pero no miraba a la luna, miraba al suelo. Se fijaba anonadado en cada mendigo o músico callejero que se cruzaba en su camino. Le llamaban especialmente la atención los segundos. Los miraba tan intensamente, con tal pena posada en sus párpados, que estos casi quedaban imantados a sus ojos, hasta que Fran volaba de ellos como una mariposa aturdida y caprichosa. La noche le caía encima y caminaba encorvado. Todo era vago y enorme, todo era fuerte, porque él era débil.Todo quedaba lejano, porque no llegaría a ninguna parte. Caminaba como un octogenario tirando de un cuerpo apenas adentrado en la veintena. Si le hubieran parado para preguntarle adónde iba, no hubiera sabido qué decir; si le hubieran inquirido que de dónde venía, hubiera quedado mudo. Ni iba ni venía, ni volvía a ni regresaba de, y el que no vuelve a ni regresa de, es porque escapa ao huye de.
¿De qué escapaba Fran? De sí mismo, de la decepción. ¿Quién lo había decepcionado? Él mismo. ¿Hacia dónde huía? Hacia el hundimiento. Escapando del fracaso, fracasaba; huyendo del dragón, se rendía a sus pies.
Su dolor era de aquellos más difíciles de tratar. Caminaba triste, sin saber qué tristeza le aturdía. Este dolor es de tal composición: Por un lado duele, como cualquier mal, es una herida; por otro, el no saber de dónde viene nos advierte de que lo hemos elegido nosotros y de que no queremos enfrentarnos a él, y, por lo tanto, que no sólo lo elegimos, sino que lo aceptamos y queremos.
Estos son los síntomas, pero su dolor tiene un agravante: no quiere curarse, quiere ir a peor. Fran golpeaba su moratón una y otra vez. ¿Cómo? Haciendo uso de su imaginación. Se procura el dañino placer de pensarse una víctima. Su fantasía le situaba en el papel del herido digno de caridad. Esto es terrible y, como hemos visto, dañino. Fran se sabía bajo el agua, pero no tenía voluntad de salir, la tenía de perecer; veía sangrar su herida, pero le parecía bello y por ello ahondaba en la misma a base de ficción. Es la imaginación al servicio de la autocompasión, es estar enfriado y caminar bajo la lluvia con los pies desnudos. Fran pensó en duros dramas que le pudieran acaecer, pero con gloria. El dolor y la desdicha son heroicos y agradables en la frente. Su castigo emocional era perpetrado a la vez por la razón y por la ficción. La primera alumbró en las sobras y la segunda apagó la vela.
Lo que le ocurría es, en verdad, sencillísimo: había guardado demasiada basura en el saco de su conciencia, y aquella tarde se le había roto, dejando su alma tan llena de polvo, que ahora lo veía todo negro. Tampoco se veía con fuerzas para limpiarla, porque cuando todo está sucio no se sabe por dónde empezar, ni siquiera si bajo tanta suciedad puede haber algo distinto a ella.
Si dejásemos la narración en este punto estaríamos siendo injustos con Fran, como lo estaríamos siendo con cualquier individuo al que analizásemos como simple modelo causa y efecto. Hasta ahora hemos dicho que un niño llora si le hurtamos su piruleta. Ahora trataremos de clarificar el por qué del llanto del niño al arrebatarle su golosina.
Estudiemos a Fran.
En primer lugar, hemos dicho que Fran imagina, pero ¿qué imagina? Imagina que le duele el alma y es socorrido sin necesidad de quejarse; que recibe lo que da, porque en verdad da; que cuando alguien le daña se disculpa, de la misma forma que lo hace él. Todo esto imagina, y todo esto le daña. Sin embargo, nada de esto le disculpa. No se debe esperar recibir lo que uno da, ni se debe descuidar lo fundamental por lo superfluo. Aquella conciencia sucia por haber acumulado basura no se limpiará con las lágrimas de esta excusa.
Fran tiene más circunstancias que le llevan a descuidarse: Fran es un niño con un globo. Como globo es sublime, pues vuela por encima de las cabezas del resto, llegando incluso a rozar las nubes; como niño es caprichoso y descuidado. A veces el niño suelta la cuerda y el globo se le escapa. Entonces llora mientras corre desesperado tras el globo. Éste es manejado al antojo de los viento. Sube altísimo, mucho más alto de lo que podría hacerlo mientras el niño lo sujeta. Otras veces desciende hasta el suelo, donde es pisoteado y puede llegar incluso a rasgarse; el niño lo recupera destrozado.
Este sube y baja es su imaginación. La imaginación puede servir a la genialidad y a la autodestrucción. Fran sufre por ello.
Volvamos a hacernos la misma pregunta: ¿disculpa esto a Fran? No, lo dijimos antes y lo repetimos ahora. ¿Qué debería hacer Fran? Conseguir que el niño ate el globo a un clavo hasta que limpie la suciedad de su conciencia. Luego habrá de hacer crecer al niño para que mantenga la conciencia limpia mientras sostiene en la otra mano el globo, ya con brazo de hombre. Cuando quiera que el globo se eleve, o cuando sienta que este se quiere elevar, con adquirir una cuerda más larga tendrá suficiente.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla, 5 de febrero de 2009.
Escrito por limpiopensadores el 05/02/2009 22:29 | Comentarios (2)
Hará tres, acaso cuatro navidades, un crío pidió un regalo a su tío.
Éste no era excesivamentecaro. En realidad no disponemos de información sobre el precio ni sobre el artículo en concreto. Lo único que podemos presumir, por los rasgos mostrados por el niño, es que no pediría por reyes nada excesivo.
Su tío decidió gastarle una broma bastante común por estas fechas: “Lo siento mucho, M…, pero este año, entre la hipoteca del nuevo piso, el bebe, etc., no vamos a poder regalarte nada”. Mas el chico, visiblemente triste en un principio, se repuso enseguiday le contestó que no se preocupase.
Al llegar el día de reyes, el tío entró en la casa. M… corrió a recibirlo. Llevaba algo entre sus manos. Y, antes de que su tío tuviese tiempo de entregarle el regalo, éste le mostró un puñado de monedas obtenidas tras romper su hucha, con una sonrisa incandescente y orgullosa; ¡por fin había llegado su tío querido!, ¡por fin iba a poder obrar un bien en él! “Toma, tito, para que pagues tus cosas”, fueron sus palabras de niño.
El padre observó la escena con desagrado. “Este niño es tonto”, comentaba en voz alta mientras negaba con la cabeza.
No era la primera vez que se avergonzaba de él. “¡Qué torpe eres, niño!” era una frase muy común en aquellos labios, y un dolor demasiado frecuente en aquel corazón.Había proyectado la vida de su hijo según los cánones actuales y falsos de felicidad, y el chico sacaba malas notas, le costaba estudiar: no cumplía con las expectativas.
Hemos de dejar claro que M… tenía otros dones, amén de una sensibilidad y bondad inusitadas. También es necesario apuntar que no estamos juzgando aquí al padre del niño. Esto que contamos es un hecho puntual que llegó a los oídos del que escribe estas líneas. Habrá, acaso,tantos otros trazos que jamás llegaran a nuestro entendimiento, y que hablarán de vientos que soplan en otras direcciones.
M… puede tener ciertas limitaciones, ni lo afirmamos ni lo negamos (no tenemos herramientas, ni derecho), pero también posee grandezas. Si su intelecto fuera un caracol, su alma es un coloso. Lo realmente terrible es la intransigencia que se vive hoy, y que hemos tratado de escenificar en esta historia real. La sociedad condena el mal. De hecho lo condena antes que los jueces. A veces sin conocimiento de causa. Con la simpleza con la que cortarían mantequilla, rebanan la dignidad de una persona en cualquier espacio, y por cualquier actitud. Las hogueras de hoy día son los programas de televisión, y en ellas arden justos y culpables con el fin de ofrecer espectáculo.
Se nos antoja simpático enunciar el talento que posee M… para la música. No mencionaremos el instrumento en sí.
Se nos antoja antipático enunciar la falta de apoyo que recibe el chico a este respecto. No mencionaremos si es porque son ciegos, o clarividentes; si protegen, o limitan;si son Apolo para Faetón, o Hera para Hefesto.
La sociedad condena el mal y el fracaso, pero no premia el bien, premia el éxito. No hay obstáculos entre el mediocre y su objetivo. De ahí los valores que predominan hoy día: los “antivalores”. Pues si reinara la virtud, la clase dirigente, la cual es la primera interesada en confundir y destruir las pruebas de sus delitos, se vería abrumada por las conciencias del pueblo.
Si bien no es dañino procurar el éxito de nuestra progenie, tampoco hemos de desdeñar esfuerzos en fomentar otros aspectos. Cuando hablamos de fomentarlos, no queremos decir simplemente avivarlos, también es necesario reconocerlos. Reconocer la virtud es tan positivo como aplaudir el logro; acaso es más necesario. La persecución del éxito sin virtud presente, la detestamos, nos contentaríamos en su extinción.
Esperemos que M... no piense jamás que aquello que llevó a cabo para con su tío era un acto indigno de nuestro tiempo y de nuestra especie. Aquí nos quitamos el sombrero.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla, 3 de enero de2009.
Escrito por limpiopensadores el 04/01/2009 16:00 | Comentarios (0)
Hay dos momentos cruciales, en la vida de un cristiano, en los que debe dar gracias. El primero es una promesa de esperanza, el segundo es confirmación de dicha esperanza y camino para alcanzar aquella promesa. El primero es la Navidad, el segundo la pasión, muerte y resurrección de Cristo. El uno es llegada, el otro permanencia. Normalmente, cuando hay algo que agradecer, es porque algo nos ha beneficiado; por ello agradecemos. Cuando algo ha resultado loable a un conocido nuestro, lo felicitamos. Y, si un acontecimiento nos socorre y favorece a todos por igual, entonces el hecho en sí es feliz. ¡He aquí que la Navidad es feliz! No es, pues, un capricho social, o una costumbre vacía y vana el que pretendamos, desde este espacio, desearles, de todo corazón: ¡que pasen una feliz Navidad!
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá. Sevilla, 23 de diciembre de 2008.
Escrito por limpiopensadores el 24/12/2008 19:43 | Comentarios (3)
Todos deseamos que nos amen, pero corremos una gran suerte por amar. La plenitud se consigue amando; entregando amor.
Esto lo sabía bien mi abuelo. Él amaba en la tierra, y ahora ama desde el cielo.
Su amor era acogedor, invitaba a que le amasen. De esta forma, ya no sólo recibías su amor, sino que te ayudaba a amarle, y así te engrandecía. Te entregaba lo sublime a través de lo cotidiano. La crítica jamás aparecía en sus labios, el perdón brotaba a borbotones. No juzgaba a nadie, pero diagnosticaba como ninguno.
Cuando entrabas en la salita te decía: “Siéntate, hijo mío”. Luego se interesaba por ti. Preguntaba por lo más menudo y se preocupaba por todos tus allegados.
Si quisiéramos demostrar hasta qué punto todo esto es cierto, no tendríamos que hacer más que mirarnos, hoy, entre nosotros. Él sacaba lo mejor de cada persona. El bien se encuentra cómodo con el bien; el mal se quedaba muerto de miedo en un rincón del alma.
Mi abuela es un inmejorable ejemplo de este hecho. Bondadosa y cariñosa; fiel compañera; amantísima esposa, madre y abuela; generosa mujer y decoroso ejemplo de vida.
Este matrimonio virtuoso conocía el fin de la existencia humana. Ambos sabían, desde el día de su nacimiento, que todos hemos sido llamados a un selectísimo banquete. Desde muy jóvenes se preparaban para acudir a él. Limpiaban sus almas, así como sus ropas; perfumaban sus cuerpos, así como sus almas. Peinaban sus cabellos de la misma forma que desmarañaban su espíritu. Tan puntillosos eran para lo visible como para lo místico. Tanto mimaban la forma como el fondo.
Ahora ya estaban listos. Esperaban sentados, en la salita o en la cama, a que el anfitrión les mandara a recoger. Mi abuelo no sólo estaba preparado, sino que se sabía preparado.
Él ya ha partido. Está en el banquete, que se celebra en aquellas estancias que anuncia el Evangelio. Está sentado en una gran mesa, donde seguro participa del Amor de Dios, y de la compañía de amigos y familiares. A su lado tiene reservado un sitio, es para mi abuela. Se levanta, busca al metre, y le dice: “por favor, ¿puede usted quitar esas aceitunas de la mesa?, mi mujer está al llegar y no las puede ni ver”.
Cada vez que cometemos una falta, se levanta. Se dirige al Padre, y le pide que no lo tenga en cuenta. Ya que esto es así, ¡tratemos de no cometer faltas!, no queremos que esté todo el rato levantándose, ¿verdad?
Cuando necesitamos ayuda corre a socorrernos. “Por favor, Padre —comenta cuando está frente a Él— échale una mano, ¿no ves que te necesita, que sin ti nada puede?”.
Él confía en nosotros. Ya nos tiene reservado un lugar en la mesa, ya tenemos habitación en las estancias. El encargado le pregunta por nosotros: “¿Está seguro de que van a venir?”. Él, con firmeza, le responde: “Le doy mi palabra de honor”. ¡Tal es la fe que tiene en nosotros! Eso es, por tanto, lo que le debemos.
Cuando queramos hablar con él oraremos. Y, si antes sacaba el móvil, ahora aguzará el oído y dirá: “Un segundo, Don Fulano, me llaman”. Se alegrará con cada oración igual que antes lo hacía con cada llamada de teléfono y con cada visita.
A nosotros su ausencia nos duele, no cabe duda.Su partida ha dejado un gran vacío en este mundo. Su vida y su ejemplo nos producen más daño que alivio. Pero es esta vida, que perdura en su ejemplo, lo que nos asegura su participación en el banquete. Ahora nuestros ojos no le ven, pero su mirada nos acompaña a todas horas.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla 13 de diciembre de 2008.
Escrito por limpiopensadores el 20/12/2008 22:17 | Comentarios (0)
Esta entrada no alberga más pretensiones que las de exponer un tema con la intención de recoger ideas que puedan clarificar un dilema tan complejo como éste. Las claves del debate son las siguientes: El tema a tratar es: Cómo afecta la globalización a la democracia. Para abordar el tema expondré las dos posturas principales, y enfrentadas. Antes me gustaría dejar claro que estas posturas han sido definidas durante el transcurso de un seminario de una asignatura llamada Teoría de la Cultura. Las comunico tal cual tomé nota de ellas. Veamos las posturas, para que nos sirvan de marco: 1)Postura neoliberal: El libre mercado conlleva un aumento de la riqueza para las naciones participantes. Este aumento de la riqueza (aumento, digamos, del PIB) favorece el desarrollo de dichos países, lo cual acaba desembocando en democracia. Esto es debido a que el crecimiento económico favorece la educación, la seguridad, etc. Según los datos esto es cierto. Aquellos países que se suman al libre mercado, tienden sus manos a la democracia. 2)Postura crítica (intervencionista): La globalización provoca un "vaciamiento" de las instituciones nacionales en favor de las internacionales y regionales. Esto quiere decir que políticas como la monetaria (manejo de los tipos de interés, por simplificar), ya no están en manos de los gobiernos que hemos elegido, sino que están supeditadas a la decisión de Europa, y ésta, a su vez, a los designios del Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo mismo podríamos decir de otras organizaciones como el Banco Mundial (BM), o la Organización Mundial de Comercio (OMC). Según esta postura, con este trasvase de poderes, el pueblo pierde el control sobre las políticas y sobre sus representantes. Consideran, por tanto, que, aunque se aumenta la "cantidad" de democracias, éstas disminuyen en "calidad", ya que no hay "soberanía nacional real". Las denominan como "democracias formales" (votamos cada cuatro años). Estas son las bases. Espero sus comentarios. Muchas gracias por su participación.
Escrito por limpiopensadores el 03/12/2008 15:35 | Comentarios (16)
Tras el sexto atentado del grupo terrorista ETA contra la Universidad de Navarra, el rector de la misma pronunció las siguientes palabras: “(…) este nuevo acto de vileza de la banda terrorista ETA no detendrá a esta comunidad universitaria que va a seguir trabajando sin temor y sin rencor”.
Esta frase, que empieza por lo común, en su final encuentra lo sublime. “Sin rencor” es lo que pretendemos realzar en estas líneas por lo bello y profundo. No guardar rencor es conceder el perdón, vía fundamentalhacia la mejora continua de ambos individuos: el que otorga el perdón, y el que lo recibe, ya sea tras demandarlo o como don inesperado.El ser perdonado permite al que sufre por males cometidos despojarse de la careta de monstruo que la sociedad le entrega y que el confunde con su propia piel. Una persona que no halla el perdón en el damnificado, acaso le es más costoso perdonarse a sí mismo. La consecuencia de esto es el cargar con una maleta demasiado pesada como para realizar movimiento de cambio alguno; máxime cuando este consiste en el titánico esfuerzo que supone la aceptación de una conducta errónea como tal, y su posterior erradicación.
Perdonar no es consentir, es humanizar el mal cometido para que pueda llegar a ser asumido.
Pensemos un instante cómo vive un etarra su intimidad. Personas dañadas en lo más profundo de su ser por lanociva ideología que les alimentó y que ahora se les indigesta. Ideología que les conduce al odio y al rencor como vicio. Males, ambos, que legitiman en su sinrazón actos de brutalidad tales como el asesinato.
Sin embargo, ese individuo que es arrastrado a las tinieblas por la fuerza, muere una sola vez; el etarra muere con cada asesinato; dinamita un trozo de su alma con cada bomba colocada. Nadie muere tan a menudo como quien mata a diario.
También sus dolores están viciados.
El dolor de las víctimas del terrorismo es un dolor sincero, limpio, agónico, descarnado. Sus lágrimas destilan amor segado, sufrimiento no merecido ni buscado, injusticia incomprensible que les lleva a culpar a la Providencia. El dolor del etarra es contradictorio y tenebroso; es lucha interna, donde su alma se encuentra a merced de hordas de invasores que destruyen a sus anchas, pues los captores de su libertad se encargaron en su momento de robar las armas que pudiesen defender su pensamiento, y se encuentran desnudos en su interior; es desdén por aquello que les han obligado a odiar cuando más inocentes eran sus mentes: “la vida”. El dolor del etarra es un infierno alternante de demonios nacidos de sus culpas y parcialmente controlados por el autoengaño; es un terrible crepúsculo que coloca sombras donde debería haber luces, y luces donde verías sombras; es miedo a la lucidez que tiene la cualidad de liberar a la conciencia amordazada;es la destrucción de la persona; la pérdida de su capacidad de autogobierno. El peor mal del asesino es el odio a la vida ajena, pues supone resentimiento contra su propia existencia. Saber que el desprecio a uno mismo es sepultar segundo a segundo la posibilidad de ser feliz, debe ser desesperante. Vivir con la certeza de sufrir íntimamente hasta el final, debe ser un verdugo incesante de la razón y la esperanza.
Hay agujeros donde la oscuridad es indomable, si nadie la alumbra será siempre absoluta.
Es por todo esto que debemos tenderles una mano amiga. Que sea la Justicia quien les hable de sus culpas y responsabilidades. Nosotros abracémoslos como hermanos que hoy malviven, pero que mañana pueden buscar la felicidad plena en nuestra compañía. No lo hagamos por consentir, sino por humanizar.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla, 25 de noviembre de 2008.
Escrito por limpiopensadores el 25/11/2008 14:28 | Comentarios (8)
En un bello y verde parque de la capital andaluza, una risueña niña de ojos claros y dorados cabellos apartaba con sumo cuidado y concentración el envoltorio que guardaba un preciado tesoro: su bocadillo de chocolate.
Su madre no se hallaba muy lejos. Estaba hablando con una señora, madre a su vez de una amiga de la niña. De vez en cuando echaba un vistazo a su hija y complacíase con la escena: la niña estaba sentada en un banco pintado de verde, tan pegada al respaldo del mismo, que sus piernas no llegaban a sobresalir por el borde de éste.
No era su madre la única que observaba cándidamente a la pequeña. Una señora mayor, acompañada de sus nietos, ocupaba el banco de enfrente.
Una vez el tesoro estuvo a la vista, la pequeña, con los ojos abiertos como platos y el lazo de su cabeza ondeando con el vientecillo que corría, contemplólo y se decidió a dar un primer mordisco. Los ojos no se separaban del manjar. O, mejor dicho, no lo hubieran hecho si tan pronto como la pequeña asestó ese primer bocado, una modesta jauría de gorriones no hubieran acudido con la intención de dar buena parte de las migas que habrían de venir.
Los pájaros mantenían una distancia prudencial. Y cuando la niña quiso dar el segundo bocado, con los ojos puestos en los recién llegados, se detuvo a medio camino y arrancó unas migajas del bocadillo para lanzarlas a los anhelantes pájaros.
La acción se repitió incesantemente. Y no pasó inadvertida para aquella señora mayor, que todo lo contemplaba con la mirada propia de una tierna anciana.
Mientras miraba, se preguntó si no divertiría más a la niña que los pájaros se le acercasen. Con el fin de preguntárselo, se levantó y se dirigió al banco ocupado por la chiquilla, rodeando el círculo formado por los pájaros para no espantarlos. Debemos apuntar que la madre de la niña no se alarmó en absoluto,aquella agradable señora era una vieja conocida.
Ya acomodada en el mismo banco que la pequeña, con esa simpleza que nos demuestra que hay personas que logran conservar la inocencia toda la vida, la anciana preguntó con una sonrisa: “Oye, ¿por qué no te pones las migas en la palma de la mano?,así se acercarían a ti y podrías jugar con ellos”.
La anciana ya había calculado la respuesta de la niña: “seguramente (se dijo) tendrá miedo de los pájaros”. Lo cierto es que la contestación fue muy diferente. La pequeña, sin apartar aquellos ojos que actuaban a la vez como ventanas y como esponjas, le contestó convencida: “Es que a lo mejor entonces no comen. Les puede dar vergüenza acercarse a mí, porque no me conocen”.
La señora sonrió y acarició la mejilla de la niña.
Constate el lector qué bello acto de piedad y generosidad llevó a cabo aquella niña. Nada requería de aquellos pájaros, ni su atención, ni su compañía. Ellos necesitaban comida, o al menos eso le pareció. Ella tenía un bocadillo. Simplemente lo compartió, sin ninguna clase de ambición. Su único propósito era el de dar de aquello que tenía. Pues para poder dar, primero hay que tener; de lo contrario sería un engaño.
Una vez terminado este razonamiento, podemos abordar una última cuestión.
Hablemos dela política de inmigración del actual gobierno y del famoso “efecto llamada”. Visto lo visto, preguntémonos: ¿Qué propósito movió al gobierno a prometer trabajo, vivienda, etc., a los potenciales inmigrantes, cuando era palpable por todos que no disponía de aquello que ofrecía? ¿Eran aquella generosidad, esa piedad y ese compromiso trazos de un rostro, o vetas de una máscara?
Fuera como fuese, la escena ya quedó pintada: un gobierno que invitaba a todos los necesitados a su regazo para poder obrar el bien en ellos.
Ahora la estampa es bien distinta. Aquellos gorriones no han recibido lo que se les prometió. Deben regresar a sus moradas caminando, pues las plumas tuvieron que empeñarlas para alimentarse en un país extranjero, de cuyo nombre no querrán acordarse.
Sevilla, 5 de octubre de 2008.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Escrito por limpiopensadores el 05/11/2008 23:03 | Comentarios (10)
Comúnmente, encontramos a los paréntesis representados de esta forma: (a+ b+…). Sin embargo, nada queda más lejos de la realidad, que esta suposición; mero modelo humano, destinado a facilitar la comprensión de aquello que supera nuestro entendimiento.
Estos seres, los paréntesis, tienen cuerpo, sentimientos, pensamientos, incluso hambre y sueño. Viven en otra realidad, y, seguramente, ellos también nos representan a nosotros utilizando símbolos. Suelen ser gordinflones y narigudos señores y señoras de aspecto semitransparente. Todos tienen un resultado,formado por los valores que llevan alojados en su seno. El máximo resultado tiende a más infinito, aunque todos tienen, también, dentro de sí, valores negativos que hacen que su resultado final acostumbre a ser menor a este (mucho menor,realidad). Al ser semitransparentes, no siempre saben que valor ostentan,y, a menudo, creyendo que rozan el ya mentado infinito, descuidan sus valores y acaban teniendo resultado negativo.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Escrito por limpiopensadores el 26/09/2008 17:07 | Comentarios (3)
Querida España, mueres. ¿Acaso no lo ves? Mueres. Tus ojos se apagan y tu vigor decae.Mueres en silencio, querida España. Tu corazón eran los pilares que ahora se derrumban. Tu primavera se extingue, tu verano calentó años ha. Eres presa del otoño, de la noche, de la oscura maraña de mentiras que envenenan tu alma.Estás enferma, pues enferman tus moradores. Las mentes que pueblan tu cuerpo sufren estertores y escalofríos, estornudos violentos y fiebres altas; sin embargo nadie apunta el motivo, quieren que mueras.
Y no morirás sola, otros gigantes caen. Quieren que muera el mundo para construir uno nuevo.El mismo nuevo mundo que da la espalda a la vida, hasta que la vida decide que ya ha aguantado bastante y comienza a juzgar a los que la condenaron. El mundo se les ha quedado viejo a los hijos del futuro, que es semejante a decir los hijos de la mentira.
Querida España, mueres. Unos te matan y otros te dejan morir. ¡Mira que todos los vientos del pasado lo cantaban!: “no dejes subir a los mediocres”. Los has dejado subir, y ahora te matan. Matan el pensamiento de tus miembros; primero les arrebatan las armas, luego atacan. Acaban con los anticuerpos para luego infectar. Son el sida.
Querida España, mueres. Agonizas, y, si nadie dice nada, si todas las bocas que señalan la causa de tu asesinato son silenciadas a través de la hipocresía y de la condena social, tu otoño será largo. Y cuando Deméter venga a darse cuenta del desastre que ha causado la pena por la ausencia de su hija, Perséfone,comprenderá que hará falta un largo invierno antes de que la primavera esté preparada para aflorar en las dañadas almas mortales.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá
Sevilla, 24 de septiembre de 2008
Escrito por limpiopensadores el 26/09/2008 16:31 | Comentarios (0)
¿Acaso verían con agrado cómo unos padres entregan a sus hijos a la esclavitud? Es más: ¿es lícito que unos progenitores decidan a su antojo sobre el destino de sus retoños, prestando escasa o ninguna atención a aquello que mejor resulte para éstos? Iré todavía más lejos: ¿tienen derecho un padre y una madre a decidir sobre si su hijo vive o muere?
Durante los días de esclavitud las personas eran una simple propiedad. De modo que se podía decidir, sin ninguna contemplación, sobre si un esclavo podía seguir trabajando o morir penosamente.
Pocas cosas hay más crueles que esto. Sin embargo, si cruel es que te sea arrebatada la libertad en este mundo de vivos, mucho más terrible es ser desterrado del mismo cuando te encuentras,con ánimo paciente, a sus puertas.
También en la antigüedad, en ciertas culturas (el conocidísimo caso de Esparta, por poner un ejemplo), muchos eran losrecién nacidos a los que se les negaba el derecho a vivir. Hoy día, aunque de una forma más sutil y enmascarada,y movidos quizás por otros motivos, hacemos lo mismo. No obstante, mientras imitamos tal cruel actitud ante la vida, miramos al pasado y tachamos tales actos de inhumanos y reprochables.
A los presos se les dan oportunidades, siendo culpables, para reinsertarse en la sociedad,congraciándose de nuevo con ella (pues creemos que el hombre puede salvar su vida y limpiar su miseria). En cambio, cuán poco valoramos la vida de un inocente que nada ha hecho aún, pues oportunidad no ha tenido, para aprobar y ver con buenos ojos el acto atroz del aborto.
Con todo, la sociedad parece considerarlo como algo lícito. Pero, al hacerlo estamos aceptando a nuestros hijos cual propiedad más sobre cuya existencia ejercemos nuestro derecho. Y es peor que esto, pueshoy día se contempla la vida como una “opción”(clara infravaloración de la misma).
Tal vez el problema sea de tipo existencial. La persona no es persona hasta que no ha cumplido cierta edad.Hasta que nosotros no decidamos dónde hay vida o futuro, la persona por venir no tiene derecho de existencia. Por ello, en teoría, no estamos matando.
No comparto este parecer.
Aveces mi cabeza es iluminada como por un fogonazo violento y clarificador. Ciertos conceptos e ideas conectan momentáneamente entre ellos como nunca antes lo habían hecho dentro de mí, surgiendo, de este modo, lo que desde ese instante considero como una idea.
Durante los días siguientes (aveces meses, y otras años), ese minúsculo punto va creciendo y tomando coherencia y forma. Se desarrolla gracias a vivencias e imágenes del día a día.Come de los libros y revistas, películas y documentales, conversaciones y observación. Y, entonces, un bienhadado día, la idea está madura y lista para ser plasmada de la forma que más me parezca.
Si en el primer momento en el que surge aquel chispazo iluminador, alguien, vislumbrándolo en mis ojos, deseoso de acabar con él, terminara con mi vida, atrayendo sobre mis ojos la oscuridad y doblegandoa las ideas en mis mientes,sin duda alguna estaría acabando también con aquella idea recién concebida que ya jamás existiría, siendo relegada al mundo de los muertos de forma antinatural. Pues si mi corazón lo doblega la naturaleza con su impulso, todo sería justo y aceptable.
Igual que aquella idea que muere,así aparta el aborto, de forma antinatural y violenta, a la persona que debería respirar en la mañana de su tiempo del don de la vida.
Por ello los abortos matan personas. Personas como usted o como yo; personas con oportunidades. Personas que podrían haber realizado grandes gestas por la humanidad, mejorando el bienestar real (y lo único real es la vida). ¡Qué doloroso hubiera sido que la madre de Platón hubiera dejado al mundo exento de diálogos, al despojarnos a todos de su hijo! O que Victor Hugo no pudiera habernos contado cómo se es justo y cómo miserable.Cada ser es único e irrepetible.
Algún día, cuando toda esta locura maliciosa concluya y los ríos vuelvan gozosos a sus cauces, los jóvenes escolares estudiaran nuestra época llevándose, una vez más, las manos a la cabeza por las brutalidades llevadas a cabo por la humanidad. E, igual que nosotros nos escandalizamos pensando que Hitler fue elegido democráticamente,aquellos futuros hijos de los hombre quedarán anonadados al estudiar cómo mientras España estuvo dirigida por mentes amorales, practicantes de un poder corrupto utilizado en aras de la vanidady siervo del egoísmo, la gente abortaba por propia voluntad, pues se creían con el derecho de negar la vida de su descendencia. Esos futuros hijos quizás no encuentren explicación a tale hechos, pues el tiempo habrá causado estragos en las memorias y los mediocres habrán borrado ya sus huellas. Hoy día sí nos lo explicamos: la sociedad se deja seducir por manipulaciones de la palabra como el uso de la expresión “interrupción del embarazo”, cuando la realidades que es una “destrucción del embarazo”. Ya que, si en verdad fuera una interrupción,aquella mujer que aborta podría retomar dicho embarazo en el momento en que le placiera. Pero es mucho más provechoso para los mediocres mentir y conseguir su propósito (que no es más que destruir el mundo a medida que se destruyen a sí mismos), que tratar al pueblo con verdad, sin ánimo de confusión, entregándoles la verdadera libertad; muy distinta de la que se vende a voz en grito en cualquier ocasión. Aquella libertad que se consigue por uno mismo, sin necesidad de que nadie te la entregue, pero que resulta inalcanzable para aquél que se deja cegar. Aquella libertad propia del que surca los mares en armonía con los vientos y no va contra el magnánimo océano de la vida. Aquella libertad sencilla de identificar. Pues, si al fin se encuentra, libertad, felicidad y vida tendrán el mismo significado.
Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá.
Sevilla. 7 deseptiembre de 2008
Escrito por limpiopensadores el 26/09/2008 16:29 | Comentarios (1)
Cuando Ulises, ya con una sola nave, en el viaje de regreso a su patria, Ítaca, dejó atrás la isla de las sirenas, se encontró de frente con el terrible paso entre Escila y Caribdis.
Escila era un odioso monstruo marino con seis cabezas, capaz de devorar, por tanto, a seis hombres de una sola vez, que se hallaba escondida dentro de una gruta; y Caribdis un remolino que durante unas horas al día absorbía todo lo que hasta sus cercanías arrastraba, para todo expulsarlo luego durante las horas siguientes.
Con esta tesitura, Ulises no debía acercarse demasiado a Caribdis, pues ésta engulliría el barco con todos los tripulantes dentro, alcanzando, cada uno de ellos, la negra muerte. Mucho más provechosos resultaría navegar cerca de la gruta que contenía a Escila, pues ésta, al tener seis cabezas, devoraría a seis compañeros, pudiendo librarse el resto de la tripulación.
El problema es que sólo Ulises, habiendo sido apercibido por Circe, la hechicera que durante largo tiempo lo retuvo en su morada, sabía de la existencia de ambos fenómenos y de la suerte que correría su tripulación en uno u otro caso.
Ahora bien, mientras que Caribdis era visible en cuanto llegabas al estrecho, Escila, al hallarse escondida dentro de la gruta, no se mostraba hasta que ya era demasiado tarde para salvar la vida. Por ello, cuando el barco se acercó al peligroso estrecho, los tripulantes sólo se preocuparon del tremendo remolino y remaron, instigados por Ulises, hacia la parte en la que se encontraba el monstruo Escila, huyendo de Caribdis.
Una vez inmersos en el cruce del paso, Ulises se guardó de apuntar la presencia de Escila; pues temía que si sus compañeros se enteraban de la existencia de ésta, al entrarles el pánico, dejarían de remar y el navío iría a parar a las entrañas del remolino Caribdis. En consecuencia,elcruce del estrecho fue abordado por la parte más cercana a Escila y ésta devoró a seis tripulantes, saliendo el resto ilesos.
En este caso, el héroe itacense eligió prudencia antes que verdad. Creyó más importante ocultar la existencia de uno de los peligros para evitar el otro mal, harto más dañino.
Sin embargo, por muy bien que esto pueda parecer o resultar, no deja de haber un engaño que cuesta la vida a seis personas. Y, tal vez, antes de entrar en el peligroso paso entre Escila y Caribdis, Ulises podría haber expuesto el problema ante sus compañeros, pues, seguramente, al no existir otra solución, habrían llegado a la misma decisión, aunque sin caer en la falta de respeto que supone el engaño u ocultación de una información tan importante y decisiva, ni en la traición contra cada uno de sus compañeros.
Algo parecido ha ocurrido con la crisis en España y el gobierno de Zapatero.
Mientras la crisis acechaba(completamente visible, en este caso), el gobierno robaba y confundía nuestro pensamiento para quitarnos la libertad de decisión. Y así, con la intención de que el pueblo español no redujera el consumo y la economía no se resintiera, amén de evitar perder las elecciones, nos hicieron creer que no sucedía nada,que no había ningún peligro que temer.
El resultado no han sido seis muertes. El resultado ha sido que, si no hay crisis, ¿por qué vas a reajustar tu consumo? Si no hay crisis, no tengo por qué ahorrar para cuando vengan tiempos peores; de hecho, tenemos que ser optimistas: ¡desahorremos todos en comandita!
De este modo, cuando los españoles se hallaban inmersos en el cruce del peligroso estrecho, mientras el gobierno nos señalaba hacia Caribdis, jactándose de haberla esquivado, ocultándonos el otro peligro, Escila engulló a los que se encontraban más desprotegidos y expuestosa sus fauces.
Felipe Santa-CruzMartínez-Alcalá.
Sevilla, 22 de agostode 2008.
Escrito por limpiopensadores el 26/09/2008 16:25 | Comentarios (0)
Publicaciones de artículos de actualidad y textos constructivos.
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